La alianza entre Venezuela y China se tradujo en decenas de miles de millones de dólares en créditos condicionados al petróleo, participación accionaria en activos petroleros y contratos de infraestructura. Los documentos de Transparencia Venezuela revelan una deuda opaca, un avance limitado de la inversión y un nexo creciente con esquemas de corrupción y evasión de sanciones. El sector petrolero, clave para Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), se convirtió en pieza estratégica de la política china, pero con costos considerables para Venezuela.

La estrategia china para América Latina adoptó un patrón similar al de la iniciativa Belt and Road Initiative (BRI): combinación de créditos vinculados al petróleo, participación accionaria en empresas energéticas y contratos llave en mano de infraestructura. En el caso de Venezuela, esa fórmula se activó con mayor intensidad desde 2007, estableciendo una arquitectura financiera donde los préstamos se garantizaban con envíos futuros de crudo y donde la participación de empresas chinas (como China National Petroleum Corporation – CNPC) permitía asegurar acceso a activos.

Según Transparencia Venezuela, entre 2007 y 2016 los préstamos chinos superaron los USD 62.146 millones, bajo modalidad “préstamos por petróleo”. Esto situó a Venezuela como receptor del 44 % del total de préstamos que China otorgó en la región en ese lapso. 

El informe de Transparencia Venezuela documenta que hasta 2018 China había financiado al sector de hidrocarburos venezolano aproximadamente USD 25.000 millones, distribuidos en inversiones de unos US$3.707 millones, préstamos por un monto aproximado de US$12.000 millones y otros aportes de US$9.315 millones. Adicionalmente, la ONG señala que de los más de USD 69.000 millones proyectados (incluyendo otros sectores hasta 2018), al cierre de 2024 la deuda con China se estimaba en al menos USD 15.000 millones. Por otra parte, la inversión china directa prácticamente se paralizó en los últimos siete años: “a Venezuela no le ingresó ni un centavo de los más de 48.000 millones de dólares que China invirtió en América Latina entre 2020 y 2023”, afirma Transparencia Venezuela. 

Dentro del esquema energético, la empresa mixta PetroSinovensa (PDVSA-CNPC) actúa como punta de lanza de la presencia china en la explotación de crudos extrapesados, en particular en la mezcla Merey de la Faja Petrolífera del Orinoco. Esta participación accionaria permite a China asegurar no solo suministro sino también control logístico y operativo, lo cual coincide con el patrón BRI: equity + crédito + infraestructura.
Aunque el informe de Transparencia Venezuela no da todos los detalles técnicos de la empresa mixta, el contexto de los préstamos chinos para el sector hidrocarburos se inscribe en esa lógica. 

El informe de Transparencia Venezuela advierte que la opacidad caracterizó tanto los esquemas de financiamiento como los contratos. Señala que los “acuerdos que socavaron la democracia en Venezuela” incluyeron cerca de 500 convenios entre 2000 y 2019, muchos sin rendición pública de cuentas. Como hallazgo clave, la ONG alertó de “una red de buques petroleros fantasmas y desvío de recursos” en 2025, donde al menos 24 embarcaciones operaron sin identificadores y facilitaron maniobras de evadir supervisión internacional y sanciones, con destino o escala hacia China entre otros.  Estos patrones combinan riesgo de corrupción, malversación de fondos públicos, y negociaciones que favorecieron a contratistas chinos o intermediarios vinculados, haciendo que la alianza petrolera se convierta también en vehículo de gobernanza débil.

Entre las consecuencias para Venezuela y la industria petrolera podemos mencionar:

La alianza Venezuela-China en el sector petrolero es un ejemplo claro de cómo la doctrina de la Ruta de la Seda ha sido aplicada fuera de Asia: con financiamiento condicionado al petróleo, participación en activos estratégicos y vínculos corporativos estrechos. Sin embargo, como documenta Transparencia Venezuela, el resultado para el país ha estado marcado por deuda creciente, inversión estancada, contratos opacos y prácticas corruptas. Para que PDVSA y Venezuela puedan revertir este modelo, será indispensable adoptar gobernanza estricta, transparencia plena y diversificación de socios, evitando depender de un solo patrón de financiamiento que hipotecó buena parte del petróleo futuro.