Se cumplen 65 años de la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), un organismo que nació para cambiar las reglas del juego en el mercado energético global. 

Fundada un 14 de septiembre de 1960 en Bagdad, esta alianza, ideada por el venezolano Juan Pablo Pérez Alfonzo—conocido como el “Padre de la OPEP”—, se ha consolidado como un actor clave, con la capacidad de influir directamente en los precios y el suministro mundial de petróleo.

La OPEP comenzó su andadura con cinco miembros fundadores que fueron: Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudita y Venezuela. A lo largo de las décadas, su influencia se expandió, sumando a países de África, Asia y Sudamérica. Si bien su sede inicial estuvo en Ginebra, la organización se estableció definitivamente en Viena en el año 1965, desde donde coordina las políticas de sus países miembros.

Vale destacar que su objetivo principal siempre es el de coordinar la producción y las políticas petroleras para asegurar precios justos y estables. En 1968 adoptó una declaración que reafirmaba el derecho de cada nación a ejercer la soberanía sobre sus recursos naturales, un principio que marcó una nueva era en las relaciones energéticas internacionales.

El Banco central del petróleo

El poder de la OPEP es innegable. Sus miembros controlan el 81% de las reservas mundiales de petróleo y el 43% de la producción global. Con una cuota del 34,9% en las exportaciones de crudo, la organización actúa de facto como el “banco central” del mercado petrolero, ajustando su producción para influir en los precios, una estrategia que ha generado tanto beneficios como controversia.

En 2016, la OPEP amplió su poder con la creación de la OPEP+, una alianza que incluye a 10 países productores clave, entre ellos Rusia. Esta coalición ha fortalecido su capacidad para influir en el mercado, coordinando los recortes de producción con el fin de mantener los precios estables, que privilegien a sus socios.

Aunque la OPEP ha demostrado ser un actor dominante durante más de seis décadas, expertos y analistas en materia de energías sugieren que la organización debe evolucionar. Argumentan que el enfoque actual, centrado en recortes de producción, es insostenible a largo plazo.

El desafío para la OPEP en los próximos años será modernizarse, dentro de una dinámica que deje a un lado consideraciones políticas para convertirse en una organización más ágil y orientada al mercado libre. La pregunta que muchos se hacen es si este “banco central del petróleo” podrá adaptarse a una nueva era energética o si se mantendrá anclado en las políticas del pasado.