Las relaciones e intercambios entre los países están determinadas  más por la conveniencia económica de cada uno que por cualquier otro factor. A lo largo de la historia, Venezuela y Estados Unidos han sido socios comerciales, especialmente en materia de los hidrocarburos. Sus raíces se remontan a principios del siglo XX, con una evolución marcada por factores políticos e ideológicos hasta nuestros días. 

Ya en 1887, Venezuela exportaba asfalto del Lago de Guanoco, utilizado en las principales avenidas de Nueva York y Washington a través de la empresa “General Asphalt”, filial de la New York and Bermudez Company. Estas exportaciones sentaron las bases del negocio de los hidrocarburos entre ambos países, aunque con el tiempo fueron disminuyendo a medida que crecía la producción petrolera nacional, lo que permitió que Venezuela se consolidara como un suplidor seguro y confiable para Norteamérica, hasta la llegada de Hugo Chávez al poder.

A pesar de la situación que hemos vivido durante estas dos últimas décadas, Venezuela aún posee muchas ventajas para iniciar una rápida recuperación de nuestra posición competitiva en el mercado del norte.

En primer lugar, Venezuela  cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, estimadas en más de 300 mil millones de barriles, lo que representa un potencial a largo plazo como proveedor masivo y estable. Además, su proximidad geográfica a Estados Unidos reduce significativamente los costos y tiempos de transporte en comparación con otras fuentes de petróleo, como las de Medio Oriente o África.

La mayor parte del crudo venezolano es pesado, lo que lo hace compatible con las refinerías de CITGO y de otras compañías en Estados Unidos. Cabe destacar que para Estados Unidos es una prioridad estratégica diversificar sus fuentes de energía y reducir su dependencia de regiones geopolíticamente inestables. Una Venezuela estabilizada, con una industria petrolera revitalizada, podría ofrecer una alternativa atractiva y confiable frente a otros proveedores menos estables o más distantes.

Un repaso a la historia comercial entre ambos países

Venezuela se convirtió en un gran productor de petróleo durante la década de 1910. Compañías estadounidenses como Standard Oil (posteriormente Exxon) y Gulf Oil fueron pioneras en la inversión y el desarrollo de la industria petrolera venezolana. Con la perforación del pozo Zumaque I en 1914, se inició la producción a gran escala con una capacidad de 264 mil barriles diarios.

Entre las décadas de 1920 y 1930, Venezuela se consolidó como uno de los principales productores y exportadores de petróleo del mundo, siendo Estados Unidos su destino más importante. Las compañías petroleras estadounidenses operaban bajo un marco legal de concesiones, y Venezuela contribuía con su petróleo al desarrollo industrial y automotriz de ese país. En 1930, la producción ascendía a 141 millones de barriles anuales, lo que convertía a Venezuela en el segundo mayor productor y el primer exportador mundial de crudo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Venezuela desempeñó un papel estratégico al convertirse en un proveedor confiable para los aliados, garantizando un flujo continuo de crudo vital para el esfuerzo bélico. Esto consolidó su reputación como socio confiable de Estados Unidos y sus aliados en materia energética.

En 1948, durante el gobierno de Rómulo Gallegos, se llevó a cabo una reforma parcial de la Ley de Impuesto sobre la Renta, mediante la cual se estableció una mayor participación del Estado en la renta petrolera. Es el llamado “fifty-fifty”: 50 % de las ganancias para las empresas operadoras y 50 % para el Estado venezolano. En ese momento, la producción era de 1.340.000 barriles diarios.

En 1960 se creó la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), siendo Venezuela uno de sus miembros fundadores. En 1976, bajo la presidencia de Carlos Andrés Pérez, se nacionalizó la industria petrolera y se creó Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA). A pesar de este cambio estructural, la relación comercial con Estados Unidos se mantuvo, y el país continuó siendo un proveedor confiable, seguro y natural, en parte gracias a su cercanía geográfica.

Durante la crisis energética de los años 70, Venezuela también jugó un papel destacado, especialmente durante el embargo petrolero árabe de 1973. Mientras los países árabes de la OPEP cortaban el suministro a Occidente, Venezuela optó por mantener su producción y garantizar el abastecimiento a sus clientes tradicionales, incluyendo a Estados Unidos. Esta decisión reforzó su imagen como proveedor confiable y políticamente independiente.

Progreso y ruptura

Durante la década de 1990, la relación comercial se profundizó con la llamada “Apertura Petrolera”, mediante la cual Venezuela fortaleció su posición como uno de los principales socios energéticos de Estados Unidos. Sin embargo, a partir del año 2000, con la llegada del régimen de Hugo Chávez, se inició un proceso de deterioro en las relaciones bilaterales, afectando a miles de industrias venezolanas que dependían del mercado estadounidense, incluyendo la petrolera. La ruptura se profundizó durante el mandato de Nicolás Maduro. En el año 2000, Venezuela producía más de 3 millones de barriles diarios, de los cuales 1.5 millones se exportaban a Estados Unidos.

Durante este periodo, el discurso antiestadounidense se convirtió en una constante del régimen y sus aliados. Se adoptó una política de diversificación de mercados, con mayor acercamiento a países como China, lo que implicó mayores costos y tiempos de transporte. Como consecuencia, los ingresos petroleros del país se redujeron significativamente. A partir de 2017, el gobierno de Donald Trump impuso sanciones para presionar al régimen de Maduro ante las sistemáticas violaciones a los derechos humanos y la ilegitimidad del gobierno venezolano. En 2019, se prohibió la importación de crudo venezolano; en 2023, la producción cayó a mínimos históricos.

En 2025, la relación petrolera entre Venezuela y Estados Unidos es prácticamente inexistente en términos de comercio directo de petróleo. Las sanciones impuestas por Estados Unidos, aunque sujetas a revisión o posibles flexibilizaciones condicionadas, siguen vigentes en su mayoría. Venezuela ya no representa un proveedor significativo de crudo para Estados Unidos. La industria petrolera venezolana enfrenta graves dificultades en cuanto a producción, infraestructura y capacidad operativa, lo que la incapacita para satisfacer cualquier demanda sustancial, incluso si las sanciones fueran totalmente levantadas. La relación actual se caracteriza por una profunda desconfianza y un entorno político sumamente complejo.

Reconstrucción de una relación ventajosa

Un cambio político en Venezuela que conduzca a un gobierno democrático y estable podría abrir las puertas a una reconstrucción de la relación económica y petrolera con Estados Unidos. Este proceso requeriría una serie de pasos legales y diplomáticos complejos, pero factibles.

Levantamiento de sanciones (Órdenes Ejecutivas):

La mayoría de las sanciones económicas y petroleras impuestas al régimen venezolano por parte de Estados Unidos han sido establecidas mediante Órdenes Ejecutivas presidenciales. Un nuevo gobierno en Estados Unidos, o el actual con una nueva política hacia Venezuela, podría revocar o modificar dichas órdenes. Esto podría ocurrir de forma progresiva o total, en función de los avances políticos en Venezuela.

La reconstrucción de la relación petrolera dependerá de la generación de confianza y de una firme voluntad política, acompañadas por cambios legislativos y regulatorios que restablezcan la seguridad jurídica y creen un entorno atractivo para la inversión y el comercio entre ambos países.