Durante más de dos décadas, Venezuela ha sufrido un apagón que va más allá del colapso del sistema eléctrico. Ha sido un apagón profundo del conocimiento, de la formación profesional y de la excelencia académica. Mientras otros países de la región fortalecían sus sistemas educativos y técnicos para competir en un mundo globalizado, Venezuela fue encaminada hacia un devastador y progresivo desmantelamiento de su sistema educativo y de formación profesional, especialmente en las principales áreas críticas para el desarrollo nacional.

Hoy, mientras Venezuela sigue padeciendo las consecuencias de años de deterioro y abandono bajo los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, el nuevo gobierno democrático tendrá ante sí un reto monumental y profundamente urgente: modernizar y actualizar el sistema educativo nacional. Solo así será posible encender nuevamente el motor de nuestro aparato productivo, recuperar la soberanía sobre nuestros recursos energéticos, restablecer con dignidad los servicios de salud, reivindicar a los trabajadores de todos los sectores y devolverle al venezolano la esperanza de un verdadero bienestar social.

En los años 70 y 80, Venezuela era un referente en Latinoamérica por la alta calidad de sus universidades públicas como la Universidad Central de Venezuela (UCV), la Universidad de Los Andes (ULA), la Universidad Simón Bolívar (USB), la Universidad de Oriente (UDO), la Universidad de Carabobo (UC) y la Universidad del Zulia (LUZ), así como en universidades privadas como la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y la Universidad Metropolitana (Unimet). De sus aulas egresaron ingenieros, médicos, científicos y profesionales que contribuyeron no solo al país, sino también al desarrollo de la industria petrolera, petroquímica y gasífera nacional.

Hoy, esas ilustres instituciones se encuentran en un estado profundo de abandono y deterioro, sin presupuesto operativo, con instalaciones en ruinas, una generación de profesores mal pagados, muchos jubilados o exiliados, y programas académicos desactualizados frente a las exigencias del siglo XXI. Entre 2013 y 2024, más del 60 % de los profesores universitarios abandonaron sus cargos.

La consecuencia de esta destrucción educativa se refleja hoy en la ineficiencia operativa, la caída de los estándares de calidad y el creciente riesgo en sectores estratégicos como:

El nuevo gobierno democrático deberá concebir la educación no solo como un derecho consagrado en la Constitución, sino como una herramienta estratégica y transformadora para el desarrollo del país. Sin gerentes preparados, ingenieros y médicos formados, técnicos y operarios calificados, personal administrativo competente ni profesores actualizados y comprometidos, no será posible levantar la economía ni recuperar el rumbo de la nación. 

Este gran desafío implica trabajar en tres frentes simultáneos:

Algunas soluciones estratégicas pueden contribuir a acelerar el proceso de recuperación educativa:

La actualización y modernización del aparato educativo venezolano no es un lujo ni una meta a largo plazo: es una condición indispensable para la recuperación económica, la soberanía energética y el bienestar social. Sin educación, no hay país posible. Venezuela no podrá recuperar su industria petrolera y petroquímica, sus hospitales ni su sistema eléctrico si no invierte, desde el primer día, en formar a las nuevas generaciones y reentrenar a quienes aún permanecen comprometidos con el país.

El nuevo gobierno democrático tiene una oportunidad histórica: transformar una larga tragedia en una fuerza renovadora. Hacer del conocimiento, la excelencia técnica y el desarrollo humano, la base de una Venezuela libre, moderna y productiva. Porque solo un país que educa bien, puede producir, curar y vivir bien.

Bien lo dijo el Dr. Arturo Uslar Pietri el siglo pasado, con su célebre frase: “En Venezuela hay que sembrar el petróleo.” Con ello nos recordaba que ese recurso no renovable debía ser invertido en educación, salud, bienestar social, agricultura, ganadería y desarrollo productivo. Hoy, Venezuela aún cuenta con abundantes reservas de ese recurso natural, y también con algo igual de valioso: la voluntad de recuperarse a partir del conocimiento, el trabajo y la educación.